Tláloc

Tláloc (en náhuatl clásico: Tlālōc; AFI [ˈtɬaːloːk]) es el nombre del dios de la lluvia y de la fertilidad en la religión mexica, si bien era conocido en toda el área mesoamericana con otros nombres. Originalmente representaba al agua terrestre, en tanto que la serpiente emplumada representaba al agua celeste. Los mexicas lo tenían como el responsable de los períodos de sequía y lluvias torrenciales y hacían sacrificios de niños para honrarlo en el primer mes del año (ātl cāhualo).

Es originario de la cultura de Teotihuacan. A la caída de la ciudad pasó a Tula, y de ahí su culto se esparció entre los pueblos nahuas. Los teotihuacanos tuvieron contacto con los mayas, de ahí que ellos lo adoptaran o lo identificaran en la forma del dios Chaac. En la cosmología tlaxcalteca, Tláloc se casó primero con Xochiquétzal, diosa de la belleza, pero Tezcatlipoca la secuestró. Tláloc se casó otra vez con Matlalcueye. Tiene una hermana mayor que se llama Huixtocíhuatl.

Etimología

La voz Tláloc deriva de tlālli, que significa 'tierra' y octli, que significa 'néctar' o 'pulque'. En realidad la traducción literal sería 'néctar de la tierra', y se refiere al momento en que la lluvia penetra la tierra y forma parte de ella. Éste es el dios de las aguas que llegan del cielo, pero no de las aguas que ya están en la tierra, como pueden ser los ríos. Para los ríos y lagos está la diosa Chalchiuhtlicue, que significa 'falda de jade'. También ella es la esposa de Tláloc.

El dios y sus representaciones


Estatua de Tláloc a las afueras del Museo Nacional de Antropología e Historia en la Ciudad de México.
Este dios fue uno de los más importantes en el altiplano de México, uno de los más representados y quizás también uno de los de mayor antigüedad del panteón de Mesoamérica. Aparece representado desde la época teotihuacana. Se le manifestaba siempre con unos atributos característicos:
  • Anteojeras formadas por unas serpientes que se entrelazaban y cuyos colmillos acababan siendo las fauces del dios.
  • Una especie de bigotera que no era otra cosa que su labio superior. Se cree que este gran labio era el símbolo de la entrada en la cueva que comunica con el inframundo y que deriva de la boca de las figuras olmecas.
  • La cara estaba casi siempre pintada de color negro o azul, más veces de color verde, para imitar los visos que hace el agua.
  • Llevaba en la mano una especie de estandarte de oro, largo y con forma de culebra, terminado en punta aguda; era para representar los relámpagos y los truenos que acompañan a veces al agua de lluvia.
  • En los dibujos de los códices puede verse que sus vestidos tienen pintados unas manchas que son el símbolo de las gotas de agua.
Tláloc está compuesto en sus representaciones por los tlaloques o dioses de los 4 rumbos. Cada uno de ellos manejaba y era el responsable de una vasija colocada en un rumbo. Cada vasija proporcionaba una lluvia diferente.

El paraíso de Tláloc

El lugar conocido como el paraíso de Tláloc se llama Tlalocan y está situado en la región oriental del Universo. De este lugar procedía el agua beneficiosa y necesaria para la vida en la tierra. Las personas que morían ahogadas o por hidropesía iban a morar a este paraíso. También acogía a los que morían de la enfermedad de la lepra. Se trata de un enclave placentero, donde pueden verse toda clase de árboles frutales, así como maíz, chía (semilla de una especie de salvia que se usa en México como refresco), frijoles y más productos. La vida allí era enteramente feliz. Conocemos la descripción de esta morada del dios gracias a los escritos hechos por el padre Bernardino de Sahagún y otros personajes, que lo oyeron de boca de los indígenas. Algunos siglos después, se descubrió en Teotihuacan un mural en que se veía representada punto por punto esta descripción. Así se pudo conocer de manera gráfica lo que ya se conocía a través de lo escrito.

El culto de Tláloc

Tláloc fue una de las divinidades más antiguas y veneradas de toda Mesoamérica. Su culto se extendió por gran parte del territorio centroamericano. Fue tomado por los nómadas aztecas (así se llamaban los mexicas cuando apenas acababan de salir de Aztlán) que se instalaron en el lago Texcoco, asimilándolo como divinidad agrícola. Siguió siendo uno de los dioses fundamentales de las distintas comunidades agrícolas autóctonas.


Incensario con la imagen de Tláloc (Museo de América, Madrid, España).
No era un dios benévolo. Además de mandar la lluvia para que los mexicas pudieran regar sus cultivos y así permitir la germinación de las semillas, según lo que dice Bernardino de Sahagún "enviaba los relámpagos y rayos, las tempestades del agua y los peligros de los ríos y del mar". En efecto dominaba también las fuerzas destructoras y si se le antojaba podía enviar granizos, inundaciones, sequías, heladas y rayos.

Fragmentos de un brasero que representa a Tláloc, procedente de la Fase IVB del Templo Mayor en Ciudad de México.

Representación de Tlaloc en Teotihuacán.
Estaba encargado de enviar el agua a la comunidad a través de sus ayudantes, los Tlaloques, "seres enanos y antropomórficos" según Juan Carlos Pérez Guerrero que desde el interior de los cerros enviaban las cuatro clases de lluvias. Ellos también recibían súplicas y en su honor se realizaban ceremonias y rituales. Alain Musset asevera que, en vez de enanos, son la representación de las montañas que rodean el valle de México y sobre las cuales parecen formarse las nubes que anuncian la lluvia. Su papel consistía en favorecer la venida de las aguas celestes pero también protegían a los pescadores y los navegantes.

La residencia de Tláloc era múltiple debido a la posibilidad de división de la sustancia que lo conformaba, característica que trataremos al hablar de los Tlaloques. Su morada se encontraba tanto en el Templo Mayor de Tenochtitlan, como en el Tlalocan, en el interior del cerro que lleva su nombre, el cual pertenece a la cadena montañosa Tlalocan, que separa el Valle de México del de Huexotzinco.

A consecuencia de este carácter dual la gente se sentía obligada a sacrificar seres humanos para ofrecer su corazón a Tláloc para que a cambio les de la lluvia esencial a la supervivencia. Tanto los ritos o sacrificios a Tláloc o a los Tlaloques se solían realizar en los cerros o en el interior de las cuevas. En la mayoría de estos ritos propiciatorios, como indica, en las ofrendas sacrificaban niños. Según el antropólogo Juan Carlos Román, la evidencia arqueológica indica que los mexicas sólo sacrificaban niños varones enfermos, pues todos los restos muestran indicios de alguna enfermedad infecciosa.

Simbolismo

La cruz florida fue una evolución del símbolo de Tláloc y fue llamada Cruz de Tláloc. Esta cruz surge por una razón: el dios tenía cuatro hijos a los que se denominaban tlaloques. Vivían en cuatro ámbitos del cielo.

Tláloc se convirtió en época tolteca en un personaje semihumano. Su cara estaba formada por dos serpientes enroscadas, haciendo de marco de los ojos la curva de los reptiles. Las cabezas se proyectan en paralelo y constituyen el labio superior del dios.